viernes, 11 de enero de 2019

Abrazar la vida

Nos han convencido de que hay unos parámetros que marcan la normalidad, nos han vendido conceptos como seguridad, estabilidad, salud, pareja, familia, etc. que realmente nos alejan de nuestra verdadera esencia.
Nos han hecho creer una ilusión que en realidad no existe.
Nos intentan convencer de que estamos solos, de que el mundo es peligroso e inseguro, de que existe una estabilidad lineal incorruptible y de que nuestro hermano es alguien en quien desconfiar.

Todo ello forma parte de nuestro sistema de creencias. Son ideas que tenemos tan incrustadas que hemos construido nuestra vida en base a ellas. Las ciudades, los países con sus gobiernos y leyes, la educación... Todo, absolutamente todo nace de ahí, de una simple idea: estamos separados y lo que tenemos enfrente es una posible amenaza.
Por lo tanto, nos han intentado vender seguridad mediante cosas materiales, estabilidad a través de una idea de pareja y relación establecida donde no hay espacio para el amor, libertad a cambio de renunciar a nuestros sueños.
Fijémonos en la naturaleza: todo es cambio, y aún así, un pájaro no se siente inseguro ni vive con miedo por no encontrar alimento para sus polluelos. Simplemente confía en que la vida le proveerá con aquello que necesita.
Nosotros, en cambio, vivimos constantemente protegiéndonos, anticipando situaciones que nos hacen olvidarnos del presente, del milagro de estar vivas y celebrarlo.
Solo es un "click" interno lo que necesitamos para que nuestra percepción deje de ser tan aterradora. Dentro de nosotros está la capacidad de volver a verlo todo con los ojos de un niño. ¿Acaso ha cambiado tanto el mundo externo en todo este tiempo, o más bien, a medida que nuestros cuerpos han ido creciendo, también lo han hecho nuestros miedos e ilusiones con respecto al mundo en el que vivimos?
Tenemos la capacidad y el derecho de volver a sentirnos libres, de amar, de vivir sin miedo, de confiar, de perdonar, de honrar la vida, de sonreír, de disfrutar, de gozar cada segundo.
Respira
Aquí y ahora estás segura, estás acompañada; por un cielo con infinidad de estrellas, formas parte de un ecosistema que se equilibra a sí mismo sin necesidad de hacer ningún esfuerzo, millones de corazones están latiendo en este mismo instante al unísono junto al tuyo.
Abandona tus defensas; no hay nada de lo que protegerse.
Es hora de abrazar la vida.
EGP

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martes, 8 de enero de 2019

No esperes más

No esperes más, no hay un mejor momento.
Una de las cosas que más me han impedido conectar con la vida es pensar que "aún no estoy preparado". Vivimos preparándonos continuamente, aprendiendo, leyendo y ensayando cómo vivir olvidando que la vida nos está atravesando aquí, ahora, en este mismo instante y que no hay un mejor momento que este para hacer lo que estamos haciendo o lo que queremos hacer.
Puede sonar muy filosófico, o complejo o espiritual pero es muy simple. Sergi Torres decía una vez que somos como personas que quieren aprender a nadar pero que temen tirarse a la piscina. Y es que sin experiencia no hay aprendizaje y la vida es pura experiencia.
He estado demasiado tiempo esperando a estar preparado para vivir, para disfrutar, para conocer, a ser lo suficientemente sabio o elevado para vivir mi vida con plenitud, temiendo mi propia experiencia. Pero ya está bien, no hay nada más que buscar, no hay que esperar a otro curso, a otro libro, a otro vídeo de YouTube a otra conversación, a otro trabajo, a otra pareja, a otro, a otra...
Estamos en el lugar ideal para vivir todo lo que necesitamos vivir. Es hora de tirarse a la piscina. Es hora de dejar de esperar.
Mucho amor
EGP



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lunes, 31 de diciembre de 2018

Mi libertad

Me cago en el buenismo, me cago en la moral, en el sonreir cuando no me apetece una mierda, en las buenas formas y en el "todo está bien". Estoy hasta los cojones de tanta máscara. Es una carga que me pesa toneladas, un disfraz que no va conmigo, que me mata, que acaba con mi vitalidad, con mi espontaneidad y con mi fortaleza, ¡coño!. Estoy hasta los huevos de ser sumiso, de agradar, de decir palabras bonitas cuando no me apetece y de tener que ser siempre tan encantador. Me toca los huevos enormemente. Modular el tono de mi voz para que suene angelical cuando hay un fuego ahí abajo que arde, arde con tanta fuerza que explotaría en algún momento; Pero para adentro, claro. Que no se te note, Pedro. Que tú has venido aquí a cumplir con el protocolo, a que piensen de ti lo bueno que eres, lo inocente y lo espiritual. ¡Me toca los cojones! ¡Estoy harto! Quiero mi libertad, ¡basta ya! 

Me da mucho miedo, lo tengo que admitir, dejar que el fuego corra, perder el control, defraudar, decepcionar, quedarme solo. Pero es que como siga cumpliendo las expectativas que creo que la sociedad tiene de mí voy a explotar. Para empezar, ¿si no yo tengo ni idea de quién soy, qué van a saber los demás?

Y sí, me siento en paz. 

Hay amor en la ira. Hay liberación. Hay alivio. 

Por fin puedo respirar.

Esta coraza no me oprime más. 

Quizás aquí empiece mi LIBERTAD. 



Mucho amor y feliz año 2019. Nos deseo un año en el que nos permitamos gozar de muestra libertad y nos atrevamos a AMAR en mayúsculas. 

Gracias por estar ahí. EGP.


lunes, 10 de diciembre de 2018

Mis juicios y el muro

Mis juicios me han separado de ti. En algún momento he forjado una imagen ilusoria sobre tu persona y me la he creído, tanto tanto que he creado un muro entre nosotras. A veces ha sido tu físico, y te he visto demasiado... o demasiado poco... , en otras tus ideas o tu forma de pensar, tu ropa, tu pelo, tu piel. He encontrado mil excusas para no abrirme, para forjar una coraza y encerrarme entre mis juicios, para no abrir el corazón. Y creyendo que me estaba protegiendo en realidad más bien me estaba aislando, contándome historias que justificaran mi decisión y ratificaran que era lo correcto. Sin embargo, la vida, que es sabia, tiene sus sacudidas y los ladrillos del muro empiezan a quebrarse poco a poco. Es entonces cuando entra algo de luz y curioso, me asomo para descubrir que en realidad la emanas tú, que siempre estuvo ahí y que tan sólo fueron esas imágenes mentales las que me impidieron verla todo este tiempo. Lo curioso es que a simple vista estos ladrillos parecen duros y resistentes. No obstante, basta acercarse a ellos para darse cuenta que no son más que humo, que de un solo soplido se pueden desvanecer. Hoy me dispongo a dejar que estos ladrillos se sigan cayendo poco a poco, para que te pueda ver y para que me puedas ver. Para entender realmente que somos uno.


sábado, 8 de diciembre de 2018

Heridas emocionales

¿A que les resultaría impensable e incluso peligroso que tras haber sufrido una terrible caída (por ejemplo, con la bicicleta)  con sus lesiones y heridas de distinta gravedad, las desatendiéramos totalmente durante no solo días sino semanas, meses y años, muchos años?

La herida se infectaría, se llenaría de pus, nos inhabilitaría a la hora de hacer una gran serie de actividades y podría tener consecuencias terminales.

Por suerte, estas heridas son físicas, visibles y tangibles y por lo tanto uno estaría loco si las ignorara. Además, -y lo más importante- sabemos más o menos cómo se curan estas heridas y adónde tenemos que acudir para que nos traten en el caso de no poder hacerlo nosotros mismos. Hay toda una cultura que nos ha enseñado qué serie de pasos seguir después de este tipo de accidentes y nos sentimos tranquilos con eso.

Sin embargo, hay otro tipo de heridas, y estas, a diferencia de las anteriores, no son visibles ni tangibles pero están ahí y llevan años y años con nosotras. No obstante, por nuestra ignorancia inocente y también nuestro miedo, no hemos sido capaces de mirarlas de frente y decidir sanarlas.

Hemos pasado del alcohol medicinal con el que antaño se curaban las pupas del cuerpo al alcohol etílico para tratar de curar las heridas del alma pero hoy sabemos que esta es solo una opción y que además duele mucho.

Vivimos en una sociedad herida que pretende negar una herida que lleva años pidiéndonos atención. Seamos honestos y aceptemos nuestro dolor para ser capaces de transformarlo y sanemos ya que no hay mayor muestra de amor a uno mismo que atenderse.

Aquí radica la importancia de una educación emocional en los colegios, institutos y familias así como en cualquier ámbito social y profesional. Llegará el día en el que se hable con tanta normalidad de los psicólogos y terapeutas que no habrá diferencia entre estos y un dentista o fisioterapeuta.

En el fondo de nuestro corazón somos lo mismo y solo exponiéndonos tal y como somos, allanaremos el camino a los demás. En nuestra vulnerabilidad radica nuestra fuerza.