miércoles, 26 de julio de 2017

El peso de la mochila

Después de todo el tiempo que llevo viajando —que no es poco— me he dado cuenta de que nuestras mochilas o maletas no las llenamos de porsiacasos como defendería Luis Piedrahita en su magnífico monólogo sino que las llenamos de miedos y es que el miedo pesa mucho y cuesta cargar con él.

Yo no sé cómo me las apaño pero a pesar de proponérmelo una y otra vez siempre acabo cargando mucho más de lo que necesito. En este viaje al norte de España, a pesar de ser consciente de que en otras ocasiones he ido sobrecargado, he vuelto a llenar la mochila más de la cuenta y eso se puede traducir en una cosa y es que aún nos cuesta confiar en la vida.

Cuando caminé el Camino de Santiago, íba con lo justo, una mochila de apenas 7 kg para un mes entero y mucha confianza en que el camino me iba a proporcionar lo necesario y es que yendo con esa entrega nunca me faltó de nada, podía caminar ligero allá adonde quisera. Si confías todo llega.

Dejemos de cargar con tantas cosas innecesarias y abrámonos a vivir y a confiar en que allá adonde vayamos encontraremos lo que necesitamos, confiando en la vida, en la madre tierra que nos está sosteniendo a cada paso, en este instante, con gratitud.

Buen camino.

viernes, 26 de mayo de 2017

Infinitamente

Los días que llevo en mi nuevo hogar —situado, curiosamente, en el llamado barrio de la ilusión—, son la viva prueba de que en el momento en el que estás abierto a amar y a recibir amor, aquel en que integras completamente el sentimiento de merecedor y rompes con el patrón de indigno, la vida te abraza como un manto amable y amoroso que te facilita el camino infinitamente.

¡Ay, si los hombres y mujeres de este mundo comenzáramos a escuchar y hacer caso a lo que nuestro corazón nos dicta cada día en lugar de vivir aferrados al tic-tac y su falta de sincronía! ¡Cuánto sufrimiento nos ahorraríamos!

Hoy, aquí, ahora; doy gracias por este instante.

EGP

lunes, 24 de abril de 2017