viernes, 26 de mayo de 2017

Infinitamente

Los días que llevo en mi nuevo hogar —situado, curiosamente, en el llamado barrio de la ilusión—, son la viva prueba de que en el momento en el que estás abierto a amar y a recibir amor, aquel en que integras completamente el sentimiento de merecedor y rompes con el patrón de indigno, la vida te abraza como un manto amable y amoroso que te facilita el camino infinitamente.

¡Ay, si los hombres y mujeres de este mundo comenzáramos a escuchar y hacer caso a lo que nuestro corazón nos dicta cada día en lugar de vivir aferrados al tic-tac y su falta de sincronía! ¡Cuánto sufrimiento nos ahorraríamos!

Hoy, aquí, ahora; doy gracias por este instante.

EGP

lunes, 24 de abril de 2017

lunes, 26 de septiembre de 2016

Tú y yo

Quizás, tú y yo, lo que debamos entender, es que -aunque no queramos que sea así- el verano no es eterno y que tras él llega el otoño y después el invierno. Que los árboles no se sienten mal cuando en otoño caen sus hojas, sino que lo aceptan como una parte más del ciclo. Que aunque el invierno parezca interminable, la primavera siempre acaba llegando cuando menos lo esperamos y que si el verano fuese la única estación existente, los árboles nunca darían su fruto.
Lo que te ofrezco es que aceptes el ciclo y disfrutes de cada uno de los instantes que este te ofrece pues solo así, podremos dejar de sufrir, tú y yo.


domingo, 5 de junio de 2016

El uso de Facebook como escaparate de uno mismo

¿Por qué nos empeñamos en mostrar al mundo una realidad distinta a la que vivimos? Creo que el uso masivo de las redes sociales nos ha llevado a un estado en el cual nos vemos forzados a mostrar una imagen mejor de nosotros mismos. Nos ponemos fotos de perfil en las que sacamos nuestra mejor cara y rogamos e incluso llegamos a amenazar si alguien ha publicado una foto que no nos gusta, en la que salimos feos. ¿No nos damos cuenta de que así estamos continuamente  negando una parte de nosotros?

Buscamos likes para sentirnos queridos y  estamos continuamente revisando nuestras notificaciones para ver si alguien nos ha comentado lo bien que nos queda tal o cual cosa. Me gustaria profundizar un poco más en la idea del like. Es que, literalmente, estamos continuamente verificando que a nuestros «amigos» y a «sus amigos» les guste cada canción, pensamiento, poema, fotografía o vídeo que hemos subido a la red social. Nos hemos vuelto adictos a su aprobación, de hecho, revisamos una a una la persona que nos ha mostrado su pulgar hacia arriba. Y sí, hablo en primera persona del plural porque yo también lo hago. Pero ya estoy cansado. Estoy cansado de estar al tanto de las opiniones de los demás sobre lo que hago. Con tener a mi familia y a los que me quieren aconsejándome y mostrándome su confianza me doy por satisfecho.

¿Qué me decís del uso de Facebook como centro comercial? Sí, llegué a la conclusión de que las redes sociales se han convertido en enormes centros comerciales en los que cada usuario funciona como escaparate que muestra la mejor imagen de sí mismo. Y eso no es ser honesto. Y no ser honesto es mentir. Y un sabio dijo alguna vez que el que miente es porque no se quiere a sí mismo.
Nos empeñamos en demostrarle al mundo, a nuestro pequeño mundo, lo felices que somos, lo bien que nos va la vida. Y sí, no te digo que en tus vacaciones en Latinoamérica o en Asia no lo pasaras bien o que el verano en la playa no fuera magnífico. Pero, ¿por qué nos empeñamos en mostrárselo a los demás? ¿Es que realmente nos importa que vean cómo estamos o es que queremos dar una imagen bonita de nosotros mismos?

El mayor problema que veo con el uso que hacemos de las redes sociales es que convertimos nuestras vidas virtuales -que no son reales- en verdaderos referentes para los demás. ¿Conocéis el ejemplo del hombre que se frustra al ver porno y compararlo con su vida sexual real? Pues con el Facebook es exactamente igual. En este artículo del Huffington Post se habla del Comparison game es decir, del juego de las comparaciones. Al usar Facebook, se da a una continua comparación de tu vida con la vida de los demás. Las vida de tus «amigos» es mejor o peor que la tuya en torno a lo que estos publican en su muro. Pero ESO NO ES REAL, es simplemente una parte. Tenemos que ser conscientes de que todo el mundo tiene un mal día, de que hay ocasiones en las que nos sentimos tristes, sin ganas de nada, solamente deseando estar con nosotros, experimentando nuestra tristeza al igual que haríamos con el resto de emociones, como una más. 
Sin embargo eso no vende, eso no le gusta a los demás, no queda bien en tu escaparate en el que muestras cuán maravillosa es tu vida. Entonces, ¿estamos siendo honestos o censuramos parte de nuestra vida? Es como si los demás pensasen que la vida sexual de todos los que le rodean es tal y como se muestra en el porno. Hasta que alguien les dice que eso no es así, se van a sentir frustrados e inferiores. Pues con el Facebook ocurre exactamente igual.

Tan solo espero que llegue el momento en el que nos respetemos a nosotros mismos, que seamos conscientes de la gran mentira en la que estamos viviendo y de la que estamos participando. Buscando la continua aprobación de los demás en base a sus likes y lo que aún es más peligroso; permitiendo que eso afecte en nuestro estado de ánimo.

No intentes demostrarle nada al mundo. Creo que eso te hará libre.

Y bueno, ahora dejaré esto en Facebook para ver cuántos likes recibo y sentir si mi artículo ha gustado lo suficiente. Ironías de la vida...

sociedad-actual-013

martes, 31 de mayo de 2016

Tan solo quiero...


Fotografía cortesía de Василий Быков. Setúbal (Portugal)














Quiero dejar de compararme, quiero dejar de cuestionarme si lo que hago está bien o mal. Quiero dejar eso de que mis actos sigan estando enfocados en agradar a los demás. Eso ya no más. Quiero claridad mental.
Quiero seguir mi camino y aceptar que todo lo que me ocurre es parte de él. No me quiero juzgar más ni analizarlo todo antes de actuar.
Me quiero dejar tocar y si me toca gritar, gritar; y si me toca llorar, llorar. No quiero más falsedad, tan sólo honestidad.
Quiero aprender a amar y sobre todo a dejarme amar. Quiero dejar de enjuiciar mis actos y de prejuzgar a los demás. Quiero dejar el pasado atrás y acabar con las películas mentales sobre un futuro que nadie sabe si existirá.
Quiero dejar de preocuparme por lo que de mí puedan pensar los demás, eso ya me da igual, es algo que no puedo controlar.
Tan sólo quiero paz.


Escrito en Setúbal (Portugal) el 03.05.16